miércoles, 3 de agosto de 2016

SIN EXCEPCIONES / Por Roy C. Stedman

SIN EXCEPCIONES
Por Roy C. Stedman
El programa divino para alcanzar y cambiar este mundo tan estropeado siempre ha tenido que ver con la encarnación. Cuando Dios quiso visitar esta tierra para demostrar a la humanidad la nueva clase de vida que venía a ofrecerle, lo hizo encarnándose a sí mismo. Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Jesucristo fue la encarnación de Dios. Pero eso sólo fue el principio del proceso de la encarnación. Estaríamos en una gran equivocación si pensáramos que la encarnación terminó en el momento en que se acabó la vida humana de Jesús, porque la encarnación continúa todavía. La vida de Jesús aún se manifiesta entre los hombres, aunque ahora no por medio de un cuerpo humano, limitado a un lugar exacto de la tierra, sino por medio de un cuerpo complejo y corporativo llamado iglesia.
En libro de los Hechos en el Nuevo Testamento el Dr. Lucas, le cuenta a cierto Teófilo sobre lo que le había contado en su primer escrito (el evangelio según Lucas), acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar." En su segundo escrito (el libro de los Hechos), continúa narrando los hechos de Jesús entre los hombres, pero en esta segunda ocasión a través de su nuevo cuerpo, la iglesia. Por lo tanto, cuando la iglesia vive en y por el Espíritu, no es más ni menos que la extensión de la vida de Jesús en el mundo de cualquier época.
Este concepto es importantísimo. Lo que ocurrió en pequeña escala en Judea y Galilea hace veinte siglos, era como una muestra de lo que tenía que pasar en todo el mundo de hoy, penetrando todos los niveles de la sociedad y todos los aspectos de la vida humana. En el momento que los cristianos descubren esto se hacen mucho más efectivos, porque es estimulante y desafiante el redescubrir el modelo por el que Dios ha preparado a su iglesia para que influencie en el mundo. Por otra parte, no hay nada más patético que una iglesia que no entiende este fascinante programa y lo sustituye por métodos de negocios, procedimientos de organización y se dedica a hacer política como medio para influenciar a la sociedad.
Miremos este modelo tan interesante del trabajo a realizar que Pablo describe como el camino por el cual el cuerpo de Jesucristo penetra y cambia al mundo. Pablo ahora cambia de tema; deja de escribir la naturaleza de la iglesia y pasa a darnos las disposiciones dadas por el Espíritu Santo para cumplir con esta operación dice: "Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo" (Efesios 4.7).
En esta breve frase hay una referencia a dos cosas muy importantes: el don del Espíritu Santo para el ministerio dado a todo verdadero creyente sin excepción, y el nuevo y tremendo poder por el cual aquel don se puede poner en práctica. Debemos cuidar estos dos puntos en su correspondiente orden, pero empecemos con el don del Espíritu, al cual Pablo le llama aquí "gracia".
En el idioma original esta palabra es charis, de la cual procede el vocablo "carismático". Esta "gracia" es una capacidad de servicio que le es dada a todo verdadero cristiano sin excepción y que nadie ha poseído antes de ser cristiano. El mismo Pablo, se refiere a uno de estos dones que el poseía: "A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia... de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo."Ciertamente uno de sus dones era el de la predicación, o como se le llama en otras ocasiones, el don de la profecía. Cuando Pablo escribe aun joven, un hijo en la fe, Timoteo, usa una palabra muy relacionada con ésta, y le dice: "Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don (carisma) de Dios que está en ti..." 2 Timoteo 1.6.
No hay duda pues de que este es el punto donde la iglesia comenzaba con sus nuevos conversos. Cuando cualquier persona, por la fe en Jesucristo, pasaba del reino y del poder de Satanás al reino del amor de Dios, inmediatamente se le enseñaba que el Espíritu Santo de Dios no sólo le daba la vida de Jesucristo, sino que también le equipaba con un don o dones espirituales, de los que era responsable de descubrir y de poner en práctica. El apóstol Pedro escribe


a ciertos cristianos (1 Pedro 4.10) y les dice: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios." Y en otra ocasión Pablo escribió en 1 Corintios 12.7: "Pero a cada una le es dada la manifestación del Espíritu para provecho." Es muy significativo que en todos los lugares donde se describen los dones del Espíritu en las Escrituras, el énfasis recae en el hecho de que cada cristiano tiene, al menos, un don. Puede que ese don esté dormido, paralizado o simplemente sin usar. Es posible que no se sepa cuál es, pero ahí está el Espíritu Santo no hace excepciones al darle el equipo básico a cada creyente. Es vitalmente esencial que cada uno descubra el don o dones que posee, pues el valor de la vida de un cristiano estará determinado por el grado del uso del don que Dios le haya dado.
El pasaje más detallado sobre los dones del Espíritu es 1 de Corintios 12. Existe otra lista breve en Romanos 12, y otra todavía más corta, en 1 Pedro 4. En estos pasajes, algunos de estos dones se citan con distintos nombres. Al comparar los pasajes, parece evidente que hay dieciséis o diecisiete dones básicos, que se pueden encontrar combinados en un mismo individuo, y cada uno de estos grupos de dones sirven para abrir la puerta a un amplio y variado ministerio. Quizá el modo más práctico de llegar a familiarizarse con estos dones es dejar que el apóstol Pablo nos enseñe por medio de la explicación que él da a la iglesia de Corinto:

"Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; y hay diversidad de
ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas
las cosas en todos, es el mismo"
(1 Corintios 12. 4-6).
Dense cuenta de las tres divisiones que encontramos en este pasaje: hay dones, hay ministerios (llamados aquí servicios) y hay trabajos (u operaciones). Los dones están ligados al Espíritu, los ministerios están ligados al Señor Jesús y las operaciones están ligadas a Dios Padre. Así pues, y como en Efesios 4, el Dios uno y trino está presente y vivo en su cuerpo, la iglesia, con el propósito específico de servir al mundo perdido (Efesios 4.3-6).
Un don, es una capacidad o función. Un ministerio es la esfera en donde un don se usa entre un grupo determinado de personas o en una área geográfica. Es la prerrogativa del Señor Jesús asignar una esfera deservicio para cada miembro de su cuerpo. Se le puede ver ejercitando este derecho en el Evangelio de Juan, capítulo 21. Allí después de su resurrección, se aparece a Pedro y en tres ocasiones le dice: "Apacienta mis ovejas." Ese iba a ser el ministerio de Pedro; él iba a ser el pastor (o anciano) que apacentaría al rebaño de Dios. (Pedro habla de esto en el capítulo quinto de su primera carta). Cuando Pedro se muestra curioso en cuanto al trabajo que el Señor iba a asignarle a Juan, el Señor le dice: "A ti qué te importa; sígueme tú". (El Señor continúa ejercitando este derecho hoy en día. Algunos les da la tarea de enseñar a los cristianos, a otros les envía a servir al mundo. A unos les da la responsabilidad de entrenar a la juventud y a otros de ministrar a los ancianos. Unos trabajan con los hombres y otros con las mujeres; algunos van a los judíos y otros a los gentiles. Pedro fue enviado a los circuncisos (los judíos), mientras que Pablo fue enviado a los incircuncisos (los gentiles). Pero ambos tenían el mismo don aunque su ministerio fuese diferente.
Después están los trabajos u operaciones. Estos se encuentran bajo la responsabilidad del Padre. El termino se refiere al grado de poder por el que el don se manifiesta o se pone en práctica en una ocasión determinada. "Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo" (1 de Corintios 12.6) El uso de un don espiritual no produce siempre los mismos resultados en diferentes ocasiones. El mismo mensaje, dado en distintas circunstancias, no producirá los mismos resultados. ¿Cuál es la diferencia? Depende de Dios. Él no quiere que siempre se produzcan los mismos resultados; podría hacerlo, pero no lo desea. Es el Padre quien determina cuánto se puede llevar acabo en cada ministerio. Las Escrituras nos hablan de como Juan el Bautista no hizo ni un solo milagro en todo su ministerio, y sin embargo era un poderoso profeta de Dios. Sin embargo Juan no hizo milagros. ¿Por qué no? Porque hay variedad de operaciones y el Padre no quiso operar de este modo por medio de Juan. En I de Corintios 12 encontramos ahora la lista de los dones espirituales específicos:

"Porque a éste es dada, por el Espíritu la palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el mismo Espíritu... "(v.8)
Aquí tenemos un par de dones: el don de la sabiduría y el de ciencia o conocimiento. A menudo aparecen juntos en un mismo individuo, pues están relacionados con la misma función. Los dos tienen que ver con la expresión, o como dice el original, con la palabra. El don de ciencia es la habilidad de percibir y sistematizar los grandes hechos que Dios ha escondido en su Palabra. Una persona que ejercita este don es capaz de reconocer la clave y los hechos importantes de las Escrituras como resultado de una investigación. El don de la sabiduría, por otro lado, es la habilidad de aplicar esas percepciones en una situación determinada. Es la sabiduría lo que es capaz de poner en práctica la ciencia.


Quizá ha estado en una reunión en donde se ha discutido un problema y de repente se produce una pausa general en la que nadie sabe qué hacer o qué decir. Luego, de repente, alguien se ha levantado y pronuncia unas frases claves de las Escrituras y las aplica al problema de tal manera que a todos les hace clara la respuesta. Ese es el don de la sabiduría puesto en práctica.
Estos dones gemelos de sabiduría y ciencia también están relacionados con el don de enseñanza que se menciona al final del capítulo 12. La enseñanza tiene que ver con la comunicación y es la habilidad de impartir los hechos y los conocimientos que los dones de sabiduría y ciencia descubren; la capacidad de llevarlos a los demás de una manera clara y apreciable a todos. El hombre o la mujer que posee estos tres dones a la vez, es una persona de mucho valor y conviene tenerla cerca.
Después Pablo menciona el don de la fe. Lo que Pablo quiere decir aquí es lo que esencialmente llamamos hoy en día el don de la visión. Es la habilidad de percibir algo que se necesita hacer y creer que Dios lo hará, incluso aunque parezca imposible. Confiar en esta clase de fe significa que una persona con este don puede remover y llevar acabo todo lo que sea, en el nombre de Dios. Todas las grandes obras cristianas han comenzado por un hombre o una mujer que poseían el don de la fe. Hace muchos años, en la isla de Formosa, me encontré con una señora llamada Lilian Dickson. Sin lugar a dudas, aquella mujer tenía el don de la fe. Cuando veía una necesidad, hacia rápidamente todo lo necesario para enfrentarse con ella, tanto si en aquel momento tenía o no los fondos o los recursos para solucionar el problema. Se dedicaba a ayudar a los niños pobres de Taipéi que no tenían un hogar o simplemente los que sus familias tiraban a la calle por no poder atenderlos. El corazón de la señora Dickson los acogió a causa de las presiones que los obligaban a llevar una vida de criminales, pero ella hacía lo que hacía porque tenía el don de la fe. Ese es el don de la fe en acción.
El apóstol menciona ahora el "don de sanidad", dado por el mismo Espíritu. La palabra original griega está en plural, sanidades, y yo creo que tiene que ver con las sanidades a todos los niveles de la necesidad humana: corporal, emocional y espiritual.
En la iglesia primitiva había muchas ocasiones en las que este don se aplicaba al nivel físico. A través de toda la historia de la iglesia ha habido quienes tuvieron este don de curar las enfermedades físicas. Hoy en día también hay quienes se llaman a sí mismo "curanderos", pero es interesante notar que ninguno de los apóstoles se dio a sí mismo este nombre. Sin embargo, existe suficiente evidencia en el Nuevo Testamento de que el Espíritu de Dios obra a través de los apóstoles y de otros creyentes, curando a los enfermos, tal y como lo hacen en el día de hoy. Lo que pasa hoy día es que algunas curaciones que ocurren son el resultado de una larga preparación psicológica, pero cuyos efectos desaparecen al cabo de unos días. Pero que Dios cura en el día de hoy, y a veces de una manera rápida y permanente, es algo que nadie puede poner en duda. Sólo queremos hacer notar aquí que estas curaciones no significan que se haya puesto en práctica necesariamente el don de sanidades.
Si alguien preguntase: "Por qué no se da este don con mayor frecuencia?", la respuesta la encontrará en el versículo 11 de 1 de Corintios 12: "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere." El don espiritual de curaciones físicas no se observa en la actualidad porque no es la voluntad del Espíritu que acontezca tanto como en los días de la iglesia primitiva. Sin embargo, el don de sanidades se da a menudo hoy a nivel emocional y espiritual. Muchos cristianos, laicos y ministros profesionales por igual, son equipados por el Espíritu para ayudar a los que padecen males emocionales, a los que son enfermos mentales. Estas personas que ayudan son excelentes consejeros, porque son capaces de poner en práctica la paciencia y la comprensión necesarias para ayudar a esas almas heridas.
En una línea muy parecida encontramos el don de los milagros, el cual es la habilidad de hacer un cortocircuito en el proceso natural, por medio de una actividad sobrenatural, tal y como el Señor hacía cuando transformó el agua en vino o multiplicó los panes y los peces. Es posible que algunos tangán todavía este don hoy en día; yo no dudo que se pueda dar hoy, pero tengo que decir que todavía no me he encontrado con alguien que tuviese este don de milagros, aunque quizás algunos lo hayan puesto en práctica en determinadas épocas de la historia de la iglesia. Los dones de sanidades físicas, de milagros y de lenguas son dados para la edificación inicial de la fe, como un puente que conduce a los cristianos, desde la dependencia de las cosas que pueden ver, hacia la fe en un Dios que puede obrar y llevar a cabo muchas cosas cuando parece que no pasa nada. La historia de las misiones podría confirmar esto, y es que Dios quiere que andemos por fe y no por lo que vemos.
El apóstol continúa mencionando el don de la profecía. Este don es el más grande de todos, tal y como Pablo nos lo pone, dedicando todo un capítulo (1 de Corintios 14) a la alabanza de este don. En el versículo 3 de 1 Corintios 14, el apóstol dice de este don: "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación." Este es el efecto del don de la profecía. Cuando un hombre o una mujer tiene este don, el resultado es la edificación, el estímulo y la animación de los demás. Este don no sólo es para los predicadores, porque todos los dones son dados aparte de la preparación de la persona; muchos laicos tanto de un genero u otro, tienen el don de la profecía y lo ejercitan.
Después está el don de discernimiento de espíritus, lo cual es la habilidad de distinguir entre el espíritu del error y el espíritu de la verdad, antes que la diferencia se manifieste por los resultados. Ananías y Safira fueron a ver a Pedro, llevando lo que decían era el precio completo de la parcela que habían vendido, cuando en realidad se habían guardado parte de ello. Pedro ejercitó el don del discernimiento cuando dijo: "¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor?; no has mentido a los hombres, sino a Dios". (Hechos 5:4,9). Los que tienen este don pueden leer un libro y sentir el error sutil que hay en él, o pueden escuchar un mensaje y poner el dedo en lo que tenga de falso. Es, desde luego, un magnífico don para ponerse en práctica en la iglesia.
Seguidamente se nombra a otro par de dones: el de lenguas y el de su interpretación. Todos estos movimientos deben examinarse a la luz de las Escrituras. ¿Sirven para glorificar a Cristo? ¿tienen una amplia autoridad bíblica para sus enseñanzas? ¿promueven la unidad en el cuerpo de Cristo?, ¿están sus partidarios caracterizados por la santidad, la humildad y el amor de Cristo? ¿sirven para mejorar permanentemente al individuo y a la iglesia? El don bíblico de lenguas tuvo por lo menos tres marcas distintivas que son descritas claramente en el Nuevo Testamento. La primera, tal como ocurrió en el día del Pentecostés, el don de lenguas consistió en hablar lenguas conocidas habladas en otras partes de la tierra. La descripción de "lenguas desconocidas" que aparecen en algunas traducciones de la Biblia no tiene base en el texto original griego. Las lenguas del Nuevo Testamento no eran un torrente de sílabas sin relación alguna entre sí, sino que tenían una estructura y una sintaxis como cualquier otra lengua terrena.
La segunda, el don bíblico era de alabanza y de agradecimiento dirigidos a Dios. Pablo escribió: "Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios..." (1 Corintios 14.2). El don de lenguas no es, pues un medio de predicar el evangelio o de llevar mensajes a grupos o a individuos, sino que es, tal y como fue en el día de Pentecostés, un medio de alabar a Dios por sus poderosas obras.
La tercera, el don de lenguas fue un signo para los no creyentes y no un signo para los creyentes. Pablo es muy preciso sobre esto. Él cita al profeta Isaías como el que había predicho ya el propósito de las lenguas:" En la ley está escrito: En otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo, y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes" (1 Corintios 14:21,22). La aparición de este hecho de que Dios estaba juzgando a la nación de Israel y que se estaba volviendo hacia los gentiles. Esta es la razón por qué Pedro dijo a los judíos el día de Pentecostés: "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:39).
Aunque no se mencione claramente en las Escrituras como una de las características distintivas el don bíblico de lenguas, sin embargo, es una realidad que este don se ejercitaba en todas partes y públicamente, y que, evidentemente, no era para uso privado. Se nos dice que los dones del Espíritu son para el bien común y no para beneficio personal. En todas las ocasiones que encontramos el hablar en lenguas en el Nuevo Testamento es en relación con un culto público. El marco de 1 Corintios 14 es la asamblea de cristianos, reunidos para el ministerio y la adoración mutuos. Cuando un cristiano ejercitaba el don de la oración y de la acción de gracias a Dios, al menos que se interpretase a la iglesia, quedaba sin valor, aunque el que lo hiciese recibiese una cierta edificación en su propio espíritu.
Pablo llega incluso a prohibir su práctica en la iglesia, a menos que hubiese una seguridad definitiva de interpretación para la edificación de los presentes. Como el don de lenguas es el más fácil de imitar, por eso ha habido tantísimas imitaciones a través de los siglos. Si esas manifestaciones eran o no fruto de un don verdadero, sólo se puede saber por el grado de similitud con las señales bíblicas mencionadas. Recordemos que el propósito primario de todos los dones del Espíritu es servir al cuerpo de Cristo, para su edificación y fortalecimiento y para llevar a cabo la meta específica del Espíritu Santo al dar el don.
Al final de I de Corintios 12 hay otra lista de dones espirituales, algunos de los cuales repiten los dones ya discutidos:
"Ya unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas" (v. 28).


Un don maravilloso se menciona aquí por primera vez: es el don de ayudar. En cierta manera, éste es uno de los dones más grandes y ciertamente de los más extendidos. Consiste en la habilidad de echar una mano allí donde hay necesidad, pero hacerlo de tal modo que fortalezca y anime espiritualmente a los demás. En la iglesia se manifiesta a veces en los que sirven de tesoreros, los que preparan la mesa de la comunión o arreglan las flores o sirven comidas. La mayoría de las personas se dan cuenta de que la práctica de este don hace posible el ministerio de los demás y más evidentes dones. Todas las iglesias deben muchísimo a los que ejercitan el don de ayudar.
En el capítulo 12 de Romanos hay otro tratamiento parcial de los dones espirituales en los versículos del 6 al 8:
"De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, sí es el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría
El don de servir parece idéntico al don de ayudar. La palabra para servir es la misma en griego que la que sirve de base para la palabra "diácono". Así que un diácono será el que usa su don de ayudar para llevar a cabo un servicio en favor de los demás y en nombre de la iglesia. El siguiente don en esta lista es el de exhortación. Esta es una palabra griega que quiere decir animar o confortar a otro. Su raíz griega significa "llamar aparte" y nos da una idea de alguien que llama aparte a otro para fortalecerle o reafirmarle. Es la misma raíz de la que se deriva uno de los nombres del Espíritu Santo: la palabra confortador o consolador. Los que tienen este don son capaces de inspirar a otros a la acción, de despénales un interés espiritual renovado o de sostener a los que están titubeantes y flacos en la fe.
Otro de los dones mencionados por primera vez aquí es el de contribuir o de repartir. Aquí se refiere al dinero, y por lo tanto, la exhortación a dar con liberalidad. Sorprenderá a muchos saber que el Espíritu Santo da un don tal, y que muchos cristianos lo poseen, tanto ricos como pobres, pues consiste en la habilidad de ganar y de dar dinero para el desarrollo y avance de la obra de Dios, y hacerlo con tal sabiduría y alegría que los recipientes salen fortalecidos y bendecidos por la transacción. Yo he hablado con hombres de este don, que se ofrecieron a financiar ministerios de mucho costo, incluso perjudicándose económicamente ellos mismos. Ciertamente que al ver los resultados obtenidos sienten un gran gozo y satisfacción. El siguiente don ha sido muchas veces mal interpretado a causa de la pobreza en las traducciones. Algunas dicen: "El que da ayuda", que lo haga con celo. Otras dicen:"... que el hombre que tiene autoridad, piense de su responsabilidad", y, por último, otra traducción habla de: "Si tú eres un dirigente, esfuérzate a tí mismo a dirigir." Es decir, este don se podía llamar el don de la dirección. La palabra griega dice literalmente: "uno que está al frente", y se pone de manifiesto este don en aquellos que dirigen reuniones, comités, organizaciones, pero que lo hacen de tal manera que ayudan espiritualmente a los demás.
El último don mencionado en Romanos 12 es de hacer actos de misericordia. Su distintivo está indicado por la palabra "misericordia". La misericordia es una ayuda de la cual no se es digno, una ayuda dada a los que a menudo se rebelan contra los demás, los deformados y los desagradables. Se diferencia del don de ayudar porque se lleva a cabo entre los que se merecen esa ayuda, sin tener en cuenta su condición. Yo conozco a una joven que tiene este don y ha desarrollado un magnífico ministerio de ayuda y de confort entre niños retrasados. El amor y la paciencia que da hacia ellos es algo maravilloso de observar.
He aquí, pues, las "gracias" que están distribuidas por el Espíritu Santo a cada miembro del cuerpo de Cristo tal y como él quiere. No hay excepciones en esto, nadie se queda afuera, pues es la provisión fundamental del Señor para la operación de su Iglesia. Tal y como un cuerpo físico humano consiste de numerosas células ejercitando distintas funciones, así mismo el cuerpo de Cristo consiste en muchos miembros, cada uno de los cuales posee una función específica que es absolutamente esencial para la buena operación o funcionamiento del cuerpo.

Fragmento, tomado del libro La Iglesia Resucita por Ray C. Stedman,
CLIE, Barcelona, 1975.


sábado, 14 de mayo de 2016

Misión y escatología / CONTRA CORRIENTE, Juan driver

Misión y escatología

      Entre los radicales del siglo XVI hubo una intensa expectativa escatológica que infundió mayor urgencia aún a su sentido de misión. Algunos esperaban el establecimiento inminente del reino de Dios en la tierra. En algunos, esta actitud expectante los condujo a excesos apocalípticos y, en muy pocos casos, a la violencia. Aún entre los anabautistas evangélicos, la noción de ser una comunidad reunida y gobernada por el Espíritu de Dios influyó sobre la percepción de su vocación misionera. Esta atracción por el futuro contribuyó a determinar su vida y visión misionera para el presente. Se recobró la convicción de la iglesia primitiva, de que los tiempos de la salvación mesiánica se estaban realizando en medio de ellos.

Para que la iglesia tenga una visión adecuada de sí misma como comunidad misionera de Dios, es esencial que exista en ella un fuerte y saludable sentido escatológico. Además de ser una realidad futura, el reinado de Dios se ha hecho presente entre nosotros en la persona de Jesucristo. En él se ha manifestado ya el poder de la era venidera. En él se han revelado la meta y el significado de la historia, con lo que la vida y la misión de la iglesia se ha llenado de sentido y esperanza. El futuro ya no es un misterio, sino una realidad revelada en Jesucristo y anticipada en la vida de su comunidad.
La iglesia fiel en el cumplimiento de la intención misionera de Dios no puede evitar, en su vida y evangelización, la tensión entre el "ya" del reinado de Dios, y el "todavía no" del reino plenamente consumado. La novedad del reinado de Dios restaurado en Cristo, nos proporciona la perspectiva y los criterios para evaluar y descartar los valores del viejo orden, caído y en proceso de desaparecer. La fidelidad a nuestra misión nos demanda discernir y apropiarnos de los valores del nuevo orden que Dios ha hecho realidad.

Esta visión amplia nos ayuda a mantener una esperanza bíblica.   Muchas veces esta esperanza se ha distorsionado, porque ha sido parcial. A veces, en tiempo de prueba, los cristianos se han limitado a esperar un cielo nuevo. En otros períodos, caracterizados por cierto optimismo humano, se han limitado a esperar una tierra nueva. Es realmente notable cómo la iglesia neotestamentaria llevó a cabo su misión, con la firme esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1).

El Nuevo Testamento termina con la visión de "la nueva Jerusalén que desciende del cielo de Dios" (Ap. 21:2). Dios es quien hará "nuevas todas las cosas" (Ap. 21:5). En contraste absoluto con "Babilonia la grande", ciudad de fabricación humana, la nueva creación es regalo de Dios. Esta certidumbre sostiene al pueblo de Dios en su misión, frente a dificultades que a veces parecen ser insuperables. Ser el pueblo misionero de Dios significa, simplemente, experimentar, anticipadamente, mediante la vida, el testimonio, y la fidelidad a Cristo, la nueva creación que Dios habrá de realizar. Es vivir el presente a la luz del futuro de Dios.

Fragmento del Capítulo 7
IGLESIA Y MISIÓN

CONTRA CORRIENTE
Juan driver

sábado, 30 de mayo de 2015

LA CIUDAD / Jacques Ellul



PREFACIO

Este libro puede parecer que pertenece a una tradición anticuada de estudio bíblico, puesto que toma en su integridad el texto bíblico tal como se lo encuentra hoy. Esto es resultado de una decisión deliberada. Estoy al corriente de la exégesis clásica, de la crítica de las formas, de las extensas investigaciones en la historia literaria y cultural, de la nueva hermenéutica y aun de los más recientes estudios del estructuralismo. Y creo que es útil, por cierto, tener conocimiento de esta información y sus análisis, porque ello lo capacita a uno para evitar groseros malentendidos y discernir los problemas principales. Pero subsiste una dificultad fundamental. Estos estudios críticos reducen a partes separadas un texto que se elaboró y recibió en su tiempo como un todo. Es bueno conocer los estratos de la tradición de un texto y su forma literaria, pero ¿qué seguridad tenemos de que se ha dicho entonces todo lo que había que decir, o aun lo esencial? Retrotraer un texto a su fecha y su identidad primitiva, ¿le da su significado real, o al menos el significado que se le atribuyó cuando fue hecho parte del todo? ¿No está cada texto destinado (y voluntariamente) a arrojar luz sobre los otros y viceversa? ¿Y no se destruye esa mutua iluminación si el texto se fragmenta y dispersa según tiempo y lugar? A través de la diversidad de fuentes y orígenes, diversidad que de todos modos nunca es disimulada, ¿no es el todo el que contiene la verdad del mensaje, no es el texto  recibido en  su   última  construcción  el  que  es  significativo?
En otras palabras, nos afanamos por descubrir la redacción y la forma originales de cada fragmento, pero ¿no es el compositor, el compilador, tan importante como el primer autor? ¿No se extingue la verdad incluida en cada remanente cultural si se lo separa de los otros? Y al acentuar demasiado el texto original, ¿no corremos el riesgo de destruir el significado discernible solamente mediante la reflexión de un fragmento en el espejo de otro? Si es verdad que el Dios de Israel y de Jesucristo es un Dios que se revela en la historia ¿tomamos en serio esa revelación si fijamos una palabra dada de la misma a un momento de la historia, como una mariposa clavada en la pared de modo que, completamente enmarcada por datos culturales no se pueda sacar de allí para que signifique alguna otra cosa? ¿No hay una contradicción entre esta actitud hermenéutica y la verdad misma del Dios encarnado? ¿Lo importante no es que esos textos —portadores de la Palabra— se han movido, se han reunido, se han adaptado unos a otros a fin de transmitir un significado más amplio y profundo? Por eso es que me parece indispensable una lectura inclusiva del texto. Cuando uno descubre, del primero al último texto de la Biblia de hoy,   desde   el   texto   considerado   más   antiguo   hasta   el   más   reciente,   una revelación idéntica, continua y coherente, ¿no sería perder lo esencial si insistiéramos en considerar solamente cada fragmento solitario en lugar del movimiento que lo lleva adelante? De esta naturaleza es la revelación bíblica sobre la ciudad. Tiene que ver con la obra esencial de los hombres —la cultura del hombre en  la  historia y  la eternidad.


Jacques Ellul


Titulo original:  the meaning of the city
1970, Eerdmans Publishing.
Grand Rapids, Mich. USA


Titulo en español: LA   CIUDAD
Editorial La Aurora.
Buenos Aires, Argentina. 

viernes, 23 de enero de 2015

La Responsabilidad del Varón / Nahum Vega

La Responsabilidad del Varón
ante los hijos y su cónyuge 
desde una perspectiva bíblica.


por Nahum Vega Maldonado

"La armonía social no surge de la búsqueda de lo perfecto ……, 
sino de estar dispuesto a reconocer que toda negación…., 
del ser humano como lo central del fenómeno social humano, 
es un error ético que puede ser corregido sólo si se le quiere corregir.” (1)

                                                Humberto Maturana Romesín
                                                 Epistemólogo chileno

Introducción:


Difícil hacer el abordaje de este tema desde la visión del varón; no se puede ser juez y parte, así que iniciemos por comentar algunos principios básicos del tema. Ser el perfecto varón da inicio en el reconocimiento del ser humano como varón y mujer, el ser humano en dos versiones distintas. 

Hay un camino fácil peno no correcto para el entendimiento del plan del Creador para nuestras vidas, es asumir el rol social que el bagaje cultural  impone y respaldar mi forma de ser “varón” con algunos versículos extraídos de pasajes bíblicos. Pero sería muy temerario decir que porque son palabras que están en la Biblia, los estoy leyendo y viviendo correctamente.

Por lo cual propongo ver algunos pasajes que nos sirvan como referencia para ver si mi función como padre y esposo están dentro del marco de referencia bíblico y cuál es mi perspectiva desde mi propio rol.


La responsabilidad ante los hijos


El primer “dedo pulgar” de perspectiva bíblica con el cual nos tenemos que dimensionar, es la información que se nos da sobre nuestra creación como seres de relación:  

“creó al hombre a su imagen. 
Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó” (2) . 

El hombre léase, como se humano; tiene la imagen de Dios, y es capaz de relacionarse así mismo con el otro igual a el pero diferente y tiene la capacidad creativa de “perpetuarse” a través del otro igual a el pero descendiente.

Cuando el ser humano es llamado a vivir en una teocracia para establecer el Reino de Dios, la instrucción es muy precisa; trasmitir los principios del reino a través de ejemplo. El Shema (3) “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno… Estas palabras que hoy te mando cumplir estarán en tu corazón,  y se las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en tu casa, y cuando vayas por el camino…”. Enseñar con el ejemplo en la praxis de la vida. La cotidianidad es la mejor forma de “introyectar” los valores de este Reino a las nuevas generaciones.

El Reino de Dios se hace presente en la Iglesia visible después del advenimiento del mesías prometido, y este reino celestial en un ámbito terreno tiene también sus principios básicos que deben ser trasmitidos a las nuevas  generaciones. Como lo expresa el apóstol Pablo en su carta a los Efesios en el capítulo 4,  aquí nos da un principio axiomático del Reino de Dios: (4) 

… no vivan ya como la gente sin Dios, que vive de acuerdo a su mente vacía.,,,  viven ajenos de la vida que proviene de Dios…. En cuanto a su pasada manera de vivir, despójense de su vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos;  renuévense en el espíritu de su mente,  y revístanse de la nueva naturaleza, creada en conformidad con Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

El cómo vivir la justicia y la santidad hacia los hijos es el punto de arranque hacia el establecimiento del Reino a las nuevas generaciones. Por eso Pablo da un consejo muy práctico. En el mismo capítulo cuatro de Efesios. (5)

…padres, no exasperen a sus hijos, sino edúquenlos en la disciplina y la instrucción del Señor.

No hay mayor enemigo para la armonía en la familia que los maleducados; y la responsabilidad de la educación recae en los padres. Con un discipulado eficaz donde no te enseño lo que se, sino te enseño lo que hago. Sabiendo que los hijos son el regalo de Dios para nuestra trascendencia.


La responsabilidad ante la esposa


Es claro que desde el punto de vista de nuestra espiritualidad con Dios es una trinchera a defender con la mayor tenacidad posible. Es nuestra relación que tengamos con el otro igual pero diferente, lo que dará un sentido de dimensión eterna y reflejará la imagen de Dios. En primer lugar, porque es puesto por el creador para nuestra realización mutua, del ser humano en sus dos dimensiones. Además de ser parte del plan divino para el ser humano que ya es completo, y entienda que es un ser de relación y necesita del otro para compartir el diario caminar.

Si bien es la iglesia la responsable directa de “preservar” e “iluminar” (sale at soles) el tétrico mundo que el hombre desde su egoísmo a fabricado como la antítesis del reflejo de la Gloria de la perfección. Nos cuenta el teólogo Juan Stott, en su libro Contracultura cristiana (6)  donde nos dice que: 

Ser sal y luz…,desempeñar un doble rol: como sal detiene -o cuando menos obstaculiza- el proceso de corrupción social, y como luz disipa las tinieblas”. 

Además añade algo sobre la familia y el estado, nos dice: (7) 

Dios ha creado el estado y la familia como estructuras sociales para contener el mal y promover el bien.” 

Es decir la familia es un coadyuvante en el trabajo del establecimiento del Reino de Dios.  y seguramente será una gran derrota fallar en nuestra relación con el prójimo, nuestro más próximo es el que camina a nuestro lado en las buenas y las malas, es al cual vemos y palpamos, si no le amamos estaremos muy alejados de ser el varón perfecto.

El rol del varón el la familia se ve menguado en la gran tentación de enseñorearse y  someter a la mujer e impidiendo así que el Reino de Dios se establezca en la vida de la pareja. La palabra traducida del griego usada por Pablo para esta relación hombre mujer es “(h)upo-tasso” en Efesios cinco, que se traduce primero como en el verso 21 . “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” aquí la traducción de trasunto sería “sométanse mutuamente”, es claro que estamos hablando de dos piezas que se acoplan adecuadamente, como dos partes de un rompecabezas.

El profesor erudito en griego; Juan Huegel, de la iglesia de los Discípulos. nos aclara este vocablo griego en su comentario a Efesios 5.21-23 “Someter o amar” y dice: “hupotasso, un verbo compuesto de tasso que significa "arreglar en orden las filas militares", y sus derivados, arreglar, poner en orden”. Donde el sujetarse es en primer lugar en función de orden y con plena libertad para recibir un beneficio como es la seguridad el amor y el cuidado.

Nadie se “somete” a un cinturón de seguridad para sentirse oprimido o frustrado; sino por razones de prevención y seguridad. Como varones es nuestro deber proveer el ámbito de prevención, seguridad y confort para la persona a la cual nos hemos entregado para desgastar nuestra vida a su lado. 

Este año inicié teniendo una gran lección de vida de parte de la persona que a caminado junto a mi por más de 35 años. Viajábamos en el auto con los  cinturones puesto “sometidos mutuamente” a la seguridad, cuando el auto se descompuso y paramos en una estación de servicio y fue en ese momento que  hice un reclamo desde mi gran egoísmo. Sin ningún fundamento, ni razón, ni dirigido a nadie en especifico. Solo fue un “lo único que hago en la vida es tratar de tener el control de todo y me frustra que se salgan las cosas de mis manos”. Entonces ella me dijo con gran tristeza; tu hablas tanto en contra del machismo y eres en momentos tan machista.

Pude ver la gran tristeza que esto le causaba y pude identificar el gran enemigo que tenemos para llegar a ser el perfecto varón. Nuestro gran egoísmo que desde el rol de varón usamos frecuentemente. Me di cuenta que en mis fuerzas únicamente era opresor al tratar de controlarlo todo y que únicamente  a través de la gracia recibida de Dios podía ser el soporte de confort para la persona que había decidido caminar junto a mi, no para cargarnos uno al otro, sino para acoplarnos uno al otro. Y que el lugar que Dios me había dado era de responsabilidad para  educar y amar a mi familia.

Conclusión: 


No podemos dejar de ver que la forma de familia del siglo primero era muy distinta a los conceptos y función social que la familia cumple ahora. Es una realidad que muchas mujeres que se convirtieron en el primer siglo tomaran actitudes de liberación y la misma cultura imperante que les daba cotos de poder dentro de la religión; pudo haber provocado mal testimonio en estas mujeres, así que se normara su participación, resulta entendible, como es el caso del consejo de Pablo a Timoteo en su primera carta en el capítulo dos. Si la discusión exegética o hermenéutica de la ordenanza litúrgica era local o tiene repercusión hasta nuestra América Latina del siglo XXI, no nos exime de la responsabilidad de como varones cumplir con el propósito con que Dios no ha dado de Amar antes que someter, de educar antes de mal educar y de elegir el cristianismo antes que el machismo.

El reconocimiento de nuestra incapacidad de hacer lo correcto en el ámbito de nuestra familia y el rechazo de patrones culturales dañinos para nosotros y nos nuestros, debe ser una prioridad en nuestra conciencia diaria, y solo a través de la gracia de Dios podemos ser verdaderamente varones perfectos en la justicia y santidad dados por Dios por la obra redentora de Cristo que será visible en nuestra vida familiar.

Me permito terminar la presente ponencia con la parte final del pequeño y valioso librito de Hegel publicado al inicio de la última década de siglo veinte. que sigue teniendo vigencia a mediado de las segunda década del siglo XXI. (9)

“Me parece que muchas familias evangélicas en nuestro ambiente y particularmente los esposos necesitan aún hoy descubrir la fuerza liberadora del mensaje del evangelio en sus relaciones conyugales, conforme se perfilan en este pasaje, pues en Cristo no hay lugar para el machismo. Los últimos baluartes del machismo dentro de nuestras iglesias deben ser destruidos, para que de la nueva sociedad, la iglesia, brille la luz del evangelio a los hogares mexicanos donde todavía hay opresión y esclavitud causada por los patrones culturales que rigen allí.”

domingo, 21 de septiembre de 2014

La influencia del cristiano: sal y luz / John R. W. Stott

La influencia del cristiano: sal y luz / John R. W. Stott

El SERMON DEL MONTE
Contracultura cristiana


Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Mateo 5.13-16

Si las bienaventuranzas describen el carácter esencial de los discípulos de Jesús, las metáforas de la sal y la luz indican su influencia bienhechora en el mundo.

Aun la mera noción de que los cristianos pueden ejercer una influencia saludable en el mundo debería llevarnos al punto de partida. ¿Qué posible influencia podrían ejercer las personas descritas en las bienaventuranzas en un mundo tan duro y resistente como el nuestro? ¿Qué bien perdurable pueden hacer los pobres y los mansos, los que lloran y los misericordiosos, y los que buscan hacer la paz y no la guerra? ¿No los hundirían simplemente las enormes olas del mal? ¿Qué pueden lograr aquellos cuya sola pasión es un apetito de justicia, y cuya única arma es la pureza de corazón? ¿No son tales personas demasiado débiles para llevar a cabo algo, especialmente si constituyen una pequeña minoría en el mundo?

Es evidente que Jesús no compartió este escepticismo. Más bien» pensó lo contrario. El mundo indudablemente perseguirá a la iglesia  (10-12); pero el llamado de la iglesia es servir a este mundo que la persigue (13-16). "Este tiene que ser tu único desquite, expresó Rudolf Stier,"—amor y verdad para el odio y las mentiras' Por increíble que parezca, Jesús se refirió a ese puñado de aldeanos de Palestina como la sal de la tierra y la luz del mundo, tan largo alcance tendría su influencia. Es también una notable providencia de Dios que en este Evangelio, el más judío de los cuatro, haya tal alusión a toda la tierra, al poder bienhechor mundial de los seguidores de Cristo.

Para definir la naturaleza de la influencia que ellos tendrían, Jesús recurrió a dos metáforas tomadas de la vida hogareña. Todo hogar, aunque fuera pobre, usaba y todavía usa sal y luz. Durante su propia niñez Jesús tuvo que haber observado a menudo a su madre usando sal en la cocina y poniendo luz a los candeleros cuando caía el sol. La sal y la luz eran artículos indispensables en el hogar Varios comentaristas citan el dicho de Plinio de que nada es más útil que "la sal y la luz del sol* (sale et sole). La necesidad de luz es obvia. la sal, por otra parte, tuvo variedad de usos. Fue tanto condimento como preservados Parece haber sido reconocida desde tiempo inmemorial como un componente esencial de la dieta humana y como sazonador o condimento de los alimentos: "¿Se comerá lo desabrido sin sal?" Sin embargo, en particular, en los siglos anteriores a la invención de la refrigeración, se la usó para conservar la carne intacta y preservarla de la descomposición. De hecho, aún se usa para ello. H.V. Morton ha descrito la manera de hacer "biltong", la carne seca de Sudáfrica: "La carne, una vez que se ha cortado y preparado del tamaño requerido, se frota bien con sal gruesa». Si se cura adecuadamente, se conservará por tiempo indefinido • La verdad básica que descansa detrás de estas metáforas y es común a ambas es que la iglesia y el mundo son comunidades diferentes. Por una parte existe "la tierra" por la otra "vosotros" que sois la sal de la tierra. Por una parte existe "el mundo"; por la otra "vosotros" que sois la luz del mundo. Ciertamente, las dos comunidades ("ellos* y "vosotros") se relacionan entre sí, pero su relación depende de su distinción. Es importante afirmar esto con claridad en nuestra época en la que está teológicamente de moda borrar la distinción entre la iglesia y el mundo, y referirse indiscriminadamente a toda la humanidad como “el pueblo de Dios”.

Además, las metáforas nos dicen algo sobre ambas comunidades. El mundo evidentemente es un sitio oscuro, que tiene por sí mismo poca luz o ninguna, puesto que se necesita una fuente de luz externa para iluminarlo. El mundo también manifiesta una tendencia constante al deterioro. El concepto no es que el mundo sea desabrido y los cristianos lo pueden hacer menos insípido. ("La idea de hacer al mundo sabroso para Dios es enteramente imposible de concebir"), sino que está corrompiéndose. No puede por sí mismo interrumpir el proceso de descomposición. Sólo la sal que se introduce desde el exterior puede hacer esto. La iglesia, por otro lado, ha sido colocada en el mundo para desempeñar un doble rol: como sal detiene —o cuando menos obstaculiza— el proceso de corrupción social, y como luz disipa las tinieblas.

Cuando observamos más de cerca ambas metáforas, vemos que han sido deliberadamente formuladas para ser mutuamente paralelas. En cada caso, Jesús hace primero una afirmación ("Vosotros sois la sal de la tierra" "Vosotros sois la luz del mundo"). Luego, hace un aditamento, la condición de la cual depende la afirmación (la sal debe retener su sabor, a la luz debe permitírsele brillar). La sal no sirve para nada si pierde su salazón; la luz no sirve para nada si se la oculta.

1. La sal déla tierra (13)

La afirmación es franca: Ustedes son la sal de este mundo (VP). Esto significa que, cuando cada comunidad es ella misma y es fiel a ella misma» el mundo se corrompe como carne o pescado putrefacto, en cuanto que la iglesia puede obstaculizar esa corrupción.

Por supuesto. Dios ha puesto otras influencias de contención en la comunidad. En su gracia común él mismo ha establecido ciertas instituciones que refrenan las tendencias egoístas del hombre e impiden que la sociedad caiga en la anarquía. Entre éstas las principales son el estado (con su autoridad para formular y hacer cumplir las leyes) y el hogar (que incluye el matrimonio y la vida familiar). Estos ejercen una influencia saludable en la comunidad* No obstante. Dios pretende que el más poderoso de todos los restrictores dentro de la sociedad pecadora lo constituya su propio pueblo redimido, regenerado y justo. Como R.G.V. Tasker lo escribió, los discípulos deben "ser el desinfectante moral en un mundo donde las normas morales son bajas, están en constante cambio, o no existen"
La efectividad de la sal, sin embargo, es condicional: tiene que retener su facultad de salar. Ahora bien, estrictamente hablando, la sal nunca puede perder su capacidad de salar. Entiendo que el cloruro de sodio es un compuesto químico muy estable, que resiste casi a cualquier ataque. No obstante, puede contaminarse si se mezcla con impurezas, y entonces se vuelve inútil y hasta peligroso. La sal no salada no sirve siquiera como estiércol, en compuestos de abonos o fertilizantes. El Dr. David Turk me ha sugerido que lo que se llamaba popularmente "sal" en aquella época era en efecto, un polvo blanco (quizás de los alrededores del Mar Muerto) que, aunque contenía cloruro de sodio, también contenía muchas cosas más, ya que, en aquellos días, no existían las refinerías. El cloruro de sodio fue probablemente la parte más soluble de este polvo y por tal razón la más fácil de eliminar. El residuo de polvo blanco aun se veía como sal, y sin duda aún se lo llamaba sal, pero ni tenía el sabor ni actuaba como tal. No era más que polvo del camino.
Así también el cristiano. 'Tened sal en vosotros mismos", dijo Jesús en otra ocasión.* La sazón cristiana es el carácter cristiano tal cual se lo describe en las bienaventuranzas, discipulado cristiano comprometido, ejemplificado tanto en palabras como en obras. El cristiano, para ser efectivo, debe retener su semejanza con Cristo, de la misma manera que la sal debe conservar su capacidad de salar Si los cristianos se ajustan social y culturalmente a los no cristianos y se contaminan con las impurezas del mundo, pierden su influencia. La influencia de los cristianos en y sobre la sociedad depende de que sean distintos, no idénticos. El Dr. Lloyd-Jones hace hincapié en esto: "La gloria del evangelio es que cuando la Iglesia es completamente distinta del mundo, nunca deja de atraerlo. Entonces hace que el mundo escuche su mensaje, si bien al comienzo quizás lo odie" De otro modo, si nosotros los cristianos no nos distinguimos de los no cristianos, no servimos para nada. Podemos también ser desechados como sal insípida, "echada fuera y hollada por los hombres" "¡Pero qué descenso", comenta A.B. Bruce, "de ser los salvadores de la sociedad a proveer materiales para sendas de peatones".

2. La luz del mundo (14-16)

Jesús introduce su segunda metáfora con una afirmación similar: Vosotros sois la luz del mundo. En verdad, más tarde diría, Yo soy la luz del mundo Pero nosotros lo somos también por derivación, brillando con la luz de Cristo, brillando en el mundo como estrellas en el cielo nocturno-" A veces pienso qué maravilloso sería que los no cristianos, curiosos por descubrir el secreto y la fuente de nuestra luz,se nos acercaran e inquirieran:

Titila, titila, estrellita 
¡Me pregunto qué eres!

(tr. literal de rima popular)

Jesús aclara lo que es esta luz diciendo que se trata de nuestras "buenas obras" Dejad que los hombres vean vuestras buenas obras* dijo, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos, porque es por esas buenas obras que nuestra luz va a alumbrar.

Parece ser que "buenas obras" es una expresión general que abarca todo lo que un cristiano dice y hace porque es cristiano, cualquier manifestación externa y visible de su fe cristiana. Puesto que la luz es un símbolo bíblico común de la verdad, la luz brillante del cristiano seguramente tiene que incluir su testimonio hablado. Así, la profecía del Antiguo Testamento de que el Siervo de Dios sería "luz de las naciones" se cumple no sólo en Cristo mismo, la luz del mundo, sino también por medio de los cristianos que dan testimonio de Cristo." La evangelización debe contarse como una de las "buenas obras" por medio de las cuales nuestra luz alumbra y nuestro Padre es glorificado.

Lutero estaba en lo cierto al poner el acento en esto, pero se equivocó (creo) al hacerlo la referencia exclusiva. "Mateo no tiene en mente las obras ordinarias que la gente debería hacer el uno por el otro motivadas por el amor... Más bien está pensando principalmente en la obra distintivamente cristiana de enseñar correctamente, de acentuar la fe, y de mostrar cómo fortalecerla y preservarla; es así como testificamos que somos realmente cristianos". Continúa en su comentario trazando la distinción entre la primera y la segunda tabla del decálogo, es decir, los diez mandamientos que expresan nuestro deber para con Dios y para con nuestro prójimo. "Las obras de que hablamos ahora tienen que ver con los primeros tres grandes mandamientos, que pertenecen al honor, al hombre y a la Palabra de Dios". Es sano que se nos recuerde que creer, confesar y enseñar la verdad son también "buenas obras" que dan evidencia de nuestra regeneración mediante el Espíritu Santo." Sin embargo, no tenemos que limitarlas a esto. "Buenas obras" son obras de amor al igual que de fe. Expresan no sólo nuestra lealtad a Dios, sino también nuestro interés por nuestros congéneres. Ciertamente el significado primordial de "obras" tiene que ser práctico, obras visibles de compasión. Es cuando la gente vea ese tipo de obras, dijo Jesús, que glorificará a Dios, porque ellas encarnan las buenas nuevas de su amor que nosotros proclamamos. Sin ellas nuestro evangelio pierde su credibilidad y nuestro Dios su honor.

Como sucede con la sal, también con la luz la afirmación va seguida de una condición: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres. Si la sal puede perder su sabor, la luz que está en nosotros puede convertirse en tinieblas." Pero debemos permitir que la luz de Cristo que está dentro de nosotros alumbre hacia afuera, de modo que la gente la pueda ver. No debemos ser como un pueblo o aldea colocada en un valle cuyas luces se ocultan de nuestra vista, sino como una ciudad asentada sobre un monte que no se puede esconder y cuyas luces son vistas claramente a kilómetros de distancia. De nuevo, debemos ser como una lámpara encendida, "antorcha que ardía y alumbraba" como lo fue Juan el Bautista,: que se pone sobre el candelero en una posición prominente en la casa para que alumbre a todos los que están en casa, y no se mete"bajo un cajón" (VP) o se esconde "en un tiesto" (LA), donde no sirve para nada.

Es decir, como discípulos de Jesús, no debemos ocultar la verdad que sabemos ni la verdad de lo que somos. No debemos fingir ser otros que quienes somos, sino desear ser visibles a todos a causa de nuestro cristianismo. "Huir a la visibilidad es negar el llamamiento. La comunidad de Jesús que quiere ser invisible deja de seguirle". Más bien debemos ser nosotros mismos, nuestro verdadero ser cristiano, viviendo abiertamente la vida que se describe en las bienaventuranzas y sin avergonzarnos de Cristo. Entonces la gente nos verá y verá también nuestras buenas obras, y viéndonos glorificará a Dios. Porque inevitablemente reconocerá que es por la gracia de Dios que somos lo que somos, que nuestra luz es su luz, y que nuestras obras son sus obras hechas en nosotros y a través de nosotros. Así, ellos alabarán la luz, no la lámpara que la lleva; es a nuestro Padre que está en los cielos a quien ellos glorificarán, no a los hijos que él ha engendrado y que muestran un cierto parecido familiar. Ni siquiera aquellos que nos ultrajan podrán dejar de glorificar a Dios por la misma justicia por causa de la cual nos persiguen (10-12).


3. Lecciones que se aprenden

Las metáforas de sal y luz que usó Jesús tienen mucho que enseñarnos sobre nuestras responsabilidades cristianas en el mundo- Sobresalen tres lecciones,

a. Hay una diferencia fundamental entre los cristianos y los no cristianos, entre la iglesia y el mundo.

Es cierto que algunos no cristianos adoptan una apariencia engañosa de cultura cristiana. Algunos cristianos profesantes» por otro lado no parecen distinguirse de los no cristianos y de tal modo niegan su nombre de cristianos por su comportamiento no cristiano. No obstante» la diferencia esencial permanece. Podemos decir que son tan diferentes como la liza del queso, Jesús dijo que son tan diferentes como la luz de las tinieblas» tan diferentes como la sal de ta corrupción y la enfermedad. No servimos a Dios» ni a nosotros mismos» ni al mundo al tratar de borrar o siquiera de minimizar esta diferencia.

Este tema es básico en el Sermón del Monte. El Sermón se construye bajo el supuesto de que los cristianos son diferentes» y nos lanza un llamado a ser diferentes. Probablemente la mayor tragedia de la iglesia durante toda su larga y variada historia ha sido su constante tendencia a conformarse a la cultura reinante en vez de desarrollar una contracultura cristiana.

b. Tenemos que aceptar la responsabilidad que esta distinción coloca sobre nosotros.

Cuando reunimos la afirmación y la condición de cada metáfora nuestra responsabilidad se destaca. En la frase griega cada afirmación con el pronombre enfático "vosotros" que es tanto como decir» "vosotros y solamente vosotros" sois la sal de la tierra y la luz del mundo, Y por lo tanto —la condición sigue con inexorable lógica— simplemente no debéis fallarle al mundo al que sois llamados a servir Vosotros tenéis que ser lo que sois. Vosotros sois sal» y por eso tenéis que retener vuestra sazón y no perder vuestro sabor cristiano. Vosotros sois luz, y por eso tenéis que dejar que vuestra luz alumbre y no ocultarla de ningún modo» ya sea por el pecado o por componendas» por pereza o por temor.

Este llamado a asumir nuestra responsabilidad cristiana, debido a lo que Dios nos ha hecho y dónde nos ha colocado, es particularmente pertinente para los jóvenes que se sienten frustrados en el mundo moderno. Los problemas de la comunidad humana son tan grandes, y ellos se sienten tan pequeños, tan débiles, un ineficaces. "Alienación"—un término popularizado por Marx— es la palabra comúnmente usada hoy para describir estos sentimientos de frustración.

¿Qué mensaje tenemos, entonces, para tales personas que se sienten estranguladas por "el sistema" aplastadas por la máquina de la tecnocracia moderna, abrumadas por las fuerzas políticas, sociales y económicas que las controlan y sobre las cuales no tienen control? Se sienten víctimas de una situación que son impotentes de cambiar. ¿Qué pueden hacer? En el terreno de esta frustración se están cultivando los revolucionarios, dedicados al derrocamiento violento del sistema. Y exactamente del mismo terreno pueden surgir los revolucionarios de Jesús, activistas igualmente dedicados —incluso más— pero comprometidos más bien a extender su revolución de amor, gozo y paz. Y esta revolución pacifica es más radical que cualquier programa de violencia, tanto porque sus normas son incorruptibles como porque cambia personas tanto como estructuras, ¿Hemos perdido nuestra confianza en el poder del evangelio de Cristo? Entonces escuchemos a Lutero: "Con su sola palabra puedo ser más desafiante y jactancioso que ellos con todo su poder, espadas y fusiles.

¡Así que no estamos desvalidos e impotentes después de todo! Porque tenemos a Jesucristo, su evangelio, ideales y poder, y Jesucristo es toda la sal y luz que este mundo tenebroso y putrefacto necesita. Pero debemos tener sal en nosotros mismos, y debemos dejar que nuestra luz alumbre.

c. Tenemos que ver nuestra responsabilidad cristiana como una responsabilidad doble

"La sal y la luz tienen algo en común: se dan y se gastan —y así son lo opuesto de todo tipo de religiosidad centrada en uno mismo" No obstante» el tipo de servicio que cada uno presta es diferente. De hecho, sus efectos son complementarios. Ia función de la sal es en gran parte negativa: impide la corrupción. La función de la luz es positiva: ilumina las tinieblas.

Así Jesús llama a sus discípulos a ejercer una doble influencia en la comunidad secular, una influencia negativa al detener su corrupción y una influencia positiva al llevar luz a sus tinieblas. Porque una cosa es detener la extensión del mal; y otra es promover la difusión de la verdad, la belleza y la bondad.

Reuniendo las dos metáforas, parece legítimo discernir en ellas la relación justa entre evangelización y acción social en la misión total de Cristo en el mundo —relación que deja perplejos a muchos creyentes hoy. Somos llamados a ser tanto sal como luz para la comunidad secular.

Tomemos en primer lugar nuestra vocación de ser sal. El apóstol Pablo, al final del primer capítulo de su carta a los Romanos pinta un retrato siniestro de lo que sucede cuando la sociedad (por temor al mal) suprime la verdad que conoce por medio de la naturaleza. Se deteriora. Sus valores y normas constantemente declinan hasta que se vuelve totalmente corrupta. Cuando los hombres rechazan lo que conocen de Dios» Dios los abandona a sus propias nociones distorsionadas y pasiones pervertidas, hasta que ta sociedad hiede ante las fosas nasales de Dios y de toda la gente buena.

Ahora bien, los cristianos han sido colocados por Dios en la sociedad secular para impedir este proceso. Dios nos destinó para penetrar en el mundo. La sal cristiana no tiene derecho a quedarse apretujada en elegantes sálenlos eclesiásticos; nuestro lugar está en medio de la comunidad secular, frotándonos con ella como la sal se frota con la carne para evitar que se eche a perder. Y cuando la sociedad se echa a perder» nosotros los cristianos tendemos a elevar nuestras manos en horror pío y hacer reproches al mundo no cristiano; pero ¿no deberíamos más bien reprocharnos nosotros mismos? Difícilmente se puede culpar a la carne que no ha sido salada por echarse a perder Ella no puede hacer nada más. La pregunta real que debe hacerse es: ¿dónde está la sal?

Jesús estaba enseñando en algún sitio cercano al mar de Galilea. A menos de ciento sesenta kilómetros al sur el río Jordán desemboca en otro mar, el Mar Salado, tan salado que está muerto. En la ribera occidental de ese mar vivía en aquella época una Comunidad del Mar Muerto, cuya biblioteca de rollos causó gran sensación cuando fue accidentalmente descubierta hace pocos años. Era una comunidad monástica de esenios que había escapado del mundo malo. Se autodenominaron 'los hijos de la luz" pero no dieron pasos para que su luz alumbrara, y en su ghetto su sal fue tan inútil como lo era en las costas del mar cercano. ¿Es posible que Jesús estuviese pensando en ellos? W.D. Davies cree que Jesús echó "una mirada de soslayo" en dirección a ellos." Es una conjetura atrayente.

¿Qué significa en la práctica ser sal de la tierra? Para comenzar, nosotros» el pueblo cristiano, debemos ser más valientes» más francos en condenar el mal. Sin duda, la condenación es una acción negativa» pero también lo es la acción de la sal. En ocasiones las normas son flojas y resbaladizas en una comunidad a falta de una clara protesta cristiana. Lutero subraya esto, enfatizando que la denuncia y la proclamación van de la mano cuando se predica verdaderamente el evangelio: "Al salar se tiene que provocar comezón. Aunque nos critiquen como provocadores de comezón» sabemos que así es como tiene que ser y que Cristo ha ordenado queja sal sea aguda y continuamente cáustica... Si deseáis predicar el evangelio y ayudar a las personas, tenéis que ser sal aguda que se frote en sus heridas» mostrar el lado opuesto y denunciar lo que no está bien... La sal real es la exposición verdadera de las Escrituras» que denuncia a todo el mundo y no deja que nada permanezca salvo la fe sencilla en Cristo”.

Helmut Thielicke recoge este mismo tema de la cualidad necesariamente cortante y "picante" del verdadero testimonio cristiano. Al ver a algunos cristianos» dice, "uno creería que su ambición es ser los tarros de miel del mundo. Endulzan y azucaran la amargura de la vida con una concepción excesivamente fácil de un Dios amante... Pero Jesús» por supuesto, no dijo “Vosotros sois la miel del mundo”. Dijo, Vosotros sois la sal de la tierra. La sal produce picazón» y el mensaje no adulterado del juicio y la gracia de Dios ha sido siempre algo que pica.

Y al lado de esta condenación de lo que es falso y malo, deberíamos tomar nuestra postura temeraria a favor de lo que es verdadero, bueno y decente, sea en nuestro vecindario, en nuestra universidad, profesión o negocio, o en la esfera más amplia de la vida nacional, incluyendo los medios de información.

La sal cristiana entra en vigor por medio de hechos tanto como por medio de palabras- Ya hemos visto que Dios ha creado el estado y la familia como estructuras sociales para contener el mal y promover el bien. Y los cristianos tienen la responsabilidad de vigilar que estas estructuras no sólo se preserven sino que también operen con justicia. Demasiado a menudo los cristianos evangélicos han interpretado su responsabilidad social únicamente en términos de ayudar a las víctimas de una sociedad enferma, y no han hecho nada para cambiar las estructuras que provocan esas víctimas. Del mismo modo que los doctores están interesados no sólo en el tratamiento de sus pacientes sino también en la medicina preventiva y en la salud pública, deberíamos interesarnos en lo que podría llamarse medicina preventiva social y normas más altas de higiene moral.

Por muy pequeña que pueda ser nuestra parte, no podemos elegir otra cosa que buscar la creación de mejores estructuras sociales, que garanticen justicia en la legislación y la ejecución de la ley, la libertad y dignidad del individua derechos civiles para las minorías y la abolición de la discriminación racial y social. No deberíamos despreciar estas cosas ni eludir nuestra responsabilidad para con ellas. Son parte del propósito de Dios para su pueblo. Dondequiera que los cristianos son ciudadanos conscientes, están actuando como sal en la comunidad. Como lo dijo Sir Frederick Catherwood en su contribución al simposio “revolution change”. Tratar de mejorar la sociedad no es mundanidad sino amor. Lavarse las manos de la sociedad no es amor sino mundanalidad".

Pero los seres humanos caídos necesitan más que barricadas para que cesen de volverse tan malos como pueden. Necesitan regeneración, nueva vida por medio del evangelio. De ahí nuestra segunda vocación de ser "la luz del mundo'* La verdad del evangelio es la luz, contenida ciertamente en frágiles lámparas de arcilla, pero que brilla a través de nuestra misma constitución arcillosa con la más clara luminosidad. Somos llamados a difundir el evangelio y a enmarcar nuestro estilo de vida de manera que sea digno del evangelio.

De modo que, nunca debemos colocar nuestras dos vocaciones de ser sal y luz» nuestras responsabilidades cristianas social y evangelística, una contra la otra como si tuviéramos que escoger entre ambas. Tampoco debemos exagerar una de ellas, ni desacreditar alguna a expensas de la otra. Ninguna puede ser un sustituto de la otra. El mundo necesita de ambas. Es malo y necesita sal; está oscuro y necesita luz. Nuestra vocación cristiana es ser ambas cosas. Jesucristo lo dijo así, y eso debería bastarnos.

En los Estados Unidos uno de los ministerios descritos como emparentado con el llamado "Movimiento de Jesús" se conoce como el "Hogar del Poder y la Luz de Jesucristo" Se trata de una comuna cristiana en Westwood, administrada por Hal Lindsey y Bill Counts, quienes dan enseñanza bíblica a los residentes. "Luz y Poder" es una linda combinación, y ambos se encuentran en Jesucristo. Pero ¿cuándo habrá alguien en Estados Unidos que establezca una "Compañía incorporada de la sal y la luz de Jesucristo"?

En el Reino Unido ha surgido en los últimos años un movimiento casi espontáneo conocido como el "Festival de la Luz" Doy gracias a Dios por el testimonio valiente y entusiasta de los jóvenes (como lo son en su mayoría) que pertenecen a él. Se esfuerzan por combinar una protesta contra la pornografía y una campaña a favor de la ley moral de Dios en la vida pública, con un testimonio claro de Jesucristo. Quizás deberla volverse en forma aun más consciente, un "Festival de la Sal y la Luz”.

En todo caso, no tenemos que avergonzarnos de nuestra vocación de ser tanto sal como luz, o seremos culpables de separar lo que Jesús ha unido. El carácter del cristiano, según se describe en las bienaventuranzas» y la influencia del cristiano, según se define en las metáforas de sal y luz, están relacionados orgánicamente entre si. Nuestra influencia depende de nuestro carácter Pero las bienaventuranzas establecen una norma sumamente alta y exigente. Puede ser Útil, por lo tanto, como conclusión a este capitulo, volver a mirar ambos párrafos y fijarse en los incentivos a la justicia que da Jesús.

En primer lugar, ésta es la forma en que nosotros mismos seremos bienaventurados* Las bienaventuranzas identifican a los que Dios declara "bienaventurados", los que le agradan y los que encuentran satisfacción en sí mismos. La bienaventuranza verdadera se encuentra en lo bueno, y en ninguna otra parte.

En segundo lugar, ésta es la forma en que se servirá mejor al mundo. Jesús ofrece a sus seguidores los inmensos privilegios de ser sal y luz del mundo sólo si viven de acuerdo con las bienaventuranzas.

En tercer lugar, ésta es la forma en que Dios será glorificado. Aquí, en los comienzos de su ministerio Jesús dice a sus discípulos que si dejan que su luz alumbre de modo que se vean sus buenas obras, su Padre que está en los cielos será glorificado. Al final de su ministerio, en el aposento alto, él expresaría la misma verdad en términos similares: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Esto es, entonces lo deseable de la vida buena a semejanza de Cristo y» por tanto de la contracultura cristiana. Nos trae bendición a nosotros mismos, salvación a otros y por último, gloria a Dios.